domingo, 25 de junio de 2017
miércoles, 11 de febrero de 2015
El afán nuestro de cada día
Dr. Miguel González
Reciban todos los lectores y lectoras de
este artículo un abrazo y las bendiciones de nuestro amado Señor para este nuevo
año 2015. Que en verdad podamos entrar en Su reposo. Que podamos caminar en
sabiduría, para poder ver Su mano en medio de nuestras situaciones diarias.
Hoy quiero reflexionar con ustedes sobre el
afán, y la necesidad que tenemos de vivir día a día (Mateo 6:25-34). El Señor
Jesucristo dijo: “Baste a cada día su
propio afán”. La enseñanza se encuentra en medio del Sermón del monte,
donde Jesús nos instruye sobre cómo vivir una vida que agrada a Dios. Es en
este contexto que enseña la necesidad que tenemos de decidirnos entre Dios y
las riquezas:
Ninguno puede servir a dos
señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y
menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (v.24).
Por tanto os digo: No os
afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por
vuestro cuerpo, qué habéis de vestir….(v.25)
Si lo leemos separado del relato y de su
contexto, pensamos que el Señor nos exhorta contra los lujos y las riquezas en
nuestro concepto moderno. Pero no. ¡La advertencia sobre el amor a las riquezas
viene a propósito del mismísimo afán por cosas tan básicas como el alimento y
el vestido! Al decir “por lo tanto”, el
discurso que el Señor viene dando sobre el amor a las riquezas (versículo 24)
queda enlazado con el afán del que nos habla en el versículo siguiente
(versículo 25).
Tengo que confesar que este hallazgo fue
sorprendente para mí. Pero por supuesto es coherente con todo el mensaje de
Dios que leemos en los capítulos 5 al 7 de Mateo. Representa el llamado de Dios
a nuestras vidas, a ir más allá y cambiar nuestro enfoque, nuestra manera de
pensar con respecto a todo: Dios, la oración y el ayuno, el matrimonio, el
trabajo, nuestros semejantes, el sufrimiento, el propósito de la vida y la vida
venidera. Todo cambia (o debería cambiar) cuando Jesucristo viene a nosotros. O
como dice el verso 1 del capítulo 5, cuando vamos a Él.
Pero
entonces, ¿cómo hacemos para vivir de esta manera? Continuando nuestra lectura
del pasaje, nos damos cuenta de que el Señor nos ayuda en esto también. Nos
dirige la mirada a las criaturas de Dios, “como
las aves y las flores, que no siembran, ni recogen, ni tejen, y sin embargo son
alimentadas y vestidas por Dios de manera perfecta” (v. 26-30). ¿Es esto un
llamado a no trabajar y a esperar sentados que nuestras necesidades sean
satisfechas? ¡Por supuesto que no! La palabra clave aquí es “afán”. Lo que necesitamos quitarnos de
encima es ese afán por la vida, por la necesidad. Ahondemos en el significado
de afán. La concordancia Strong dice que la palabra en el texto griego original
es merimnáo; estar preocupado por: preocupar, tener,
interesar, afán, afanarse, afanoso, tener cuidado. De manera muy interesante,
esta palabra se origina de una raíz griega que implica dividir, estar dividido. O como ya lo hemos visto en el texto
bíblico: no se puede servir a Dios y a las riquezas a la vez. Esa preocupación
por cosas tan básicas, tan necesarias y tan buenas en sí mismas nos distrae,
nos divide del verdadero enfoque, el cual es, como dice el Señor al final del
pasaje, “el reino de Dios y su justicia”.
En la parábola del sembrador, el Señor nos explica que: El que fue sembrado entre espinos, éste es
el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas
ahogan la palabra, y se hace infructuosa (Mateo 13:22).
“El afán de este siglo” no es otra cosa que
la preocupación por las cosas mundanas, comunes y corrientes de hoy y siempre
(la palabra siglo, aquí como en otros pasajes, no se refiere a un período de
tiempo de mil años, sino a este tiempo entre la caída del hombre y la segunda
venida del Señor), y el engaño de las riquezas no se trata de ser millonarios o
prósperos, sino simplemente del afán por tener “seguros” asuntos tan básicos
como la comida y la ropa. Creo que esta enseñanza del Señor encaja para
nosotros como anillo al dedo en este tiempo y en este lugar en específico. En
estos días de colas y escasez es importante nuestro enfoque. ¿Seguiremos
preocupándonos de lo que nos hace falta o de lo que pasará mañana con estas
cosas? ¿Continuaremos con este ánimo dividido? Terminaremos “sirviendo” a las
riquezas.
El Señor dice que “los gentiles buscan
estas cosas” (v. 32) ¡Los cristianos no somos gentiles! Un gentil es por
definición alguien que no tiene a Dios, que no busca a Dios. Un impío. Nuestro
Padre celestial sabe que tenemos necesidad de todas esas cosas. Busquemos
primeramente el reino de Dios y su justicia. Que Dios reine en nuestro día a
día. Pongamos nuestros intereses en orden delante de Dios. Hagamos saber a Dios
nuestras necesidades, sin preocupación. Con la certeza de que Él nos dará todas
las cosas conforme a Su manera de ser generosa y sabia. Pongamos nuestras
acciones en todo aquello en lo que Dios quiere que hagamos. Aprendamos a vivir
día a día. Pensar o preocuparse por el día de mañana no tiene sentido y habla
de falta de fe. El día de hoy ya tiene sus afanes, sus preocupaciones como para
que encima le añadamos las del mañana. Y aun así, a estos afanes de hoy, el
Señor les dice “males” (verso 34).
No se trata de hacernos de la vista gorda.
No por mucho orar van a desaparecer las situaciones difíciles de una sola vez.
De lo que se trata aquí es de nuestra tendencia a mirar lo natural, a quedarnos
con lo que nuestros sentidos físicos perciben y nada más. A estar ansiosos por
estar pendientes de la “realidad”. Dios nos invita a ver una realidad más
amplia. A ver un reino que está en expansión. A participar de ese reino. En
nuestra mente y en nuestra vida entera. Con nuestros pensamientos y emociones,
pero también con nuestras acciones y nuestras palabras.
Confío en que el Espíritu Santo de Dios
sabrá guiarnos a toda verdad con respecto a cómo poner en práctica esta y todas
las demás enseñanzas que Cristo tiene para nosotros.
PARA LOS TRABAJADOS Y CARGADOS
Por Letty Moreno
“Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y
aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para
vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”. (Mateo 11:28-30)
En
tiempos de incertidumbre individual y colectiva, donde los medios de
comunicación, redes sociales y conversaciones habituales tienden a inquietar al
creyente, es casi imposible ser libres del estrés, esa inquietud, nerviosismo y
desasosiego que ya es común en nuestra experiencia. El estrés proviene de
sentir que no tenemos el control de nuestras vidas y de las circunstancias del
entorno. Esta perturbación humana ha existido en todas las épocas y edades
históricas, por eso en Jer. 31:25 el Altísimo afirma: “Satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida”.
Este
desasosiego, que ocasiona la producción de sustancias químicas nocivas para el
organismo (cortisol), no es experiencia exclusiva de los adultos. El grado de
estrés que experimenta un niño con sus pequeños problemas es igual al de un
adulto con sus grandes conflictos, por cuanto el problema se genera en el
sentimiento de pérdida del control sobre las circunstancias. Conozco de alguien
que experimentaba a sus 6 años tal preocupación por su asignación escolar de
cinco copias de cinco líneas, que podía ser comparable con la perturbación que
le generaba en su adultez un problema personal o laboral de trascendencia para
su vida. Es así que, se puede afirmar que solo Dios puede dar descanso del
estrés de todas las épocas y edades, por lo cual nos prescribe para no estar
afanosos por nada.
Ante
esta debilidad, de nuestra propensión al estrés, Jesús deja promesas de
descanso para nuestra alma en Mateo 11:28-30, al explicarnos de dónde proviene
este cansancio y hastío que a veces nos abruma. No sin antes invitarnos a su
descanso, ese que sobrepasa todo entendimiento, el Señor nos dice: “Aprended de mí que soy manso y humilde de
corazón y hallareis descanso para vuestras almas”.
Ser
manso y humilde implica renunciar mental y emocionalmente a derechos que
creemos tener. Pensamos que somos dignos de tener provisión segura, de
disfrutar el respeto de nuestros semejantes, que debemos ser aceptados en todos
los ámbitos, que merecemos colaboración y reconocimiento, entre otros. Cuando
asumimos la mansedumbre y la humildad, tal como Jesús nos invita a hacerlo,
pensamos menos en nuestros derechos y más en nuestros deberes. Como dijera
alguien con muy buen juicio: “Ser humilde
no es pensar menos de nosotros, sino pensar menos en nosotros”.
Finaliza
el Señor Jesús su atractiva invitación garantizando que su yugo es fácil y
ligera su carga. ¿Cómo no ha de ser así?. Si Jesús no nos busca por interés. El
no saca ganancia de nosotros. Él es Todopoderoso, tiene el control sobre todas
las situaciones, no para hacer nuestra voluntad, sino para hacer su voluntad
que es garantía de resultados agradables y perfectos. Jesús es la esencia de la
sabiduría, no se equivocará jamás. Él es dueño de los tiempos, nada lo toma por
sorpresa. En conclusión, no hay nada más fácil y
descansado que servirle renunciando a derechos que no son nuestros, y que en
todo caso, Él nos garantiza por su pura gracia. De manera que, para hallar
descanso hay que creer que Jesús, quien tiene el control, es digno de confianza
y abunda en misericordia y gracia para con nosotros, como para otorgarnos todas
las bendiciones aun cuando no tenemos derecho a ellas.
.
e-mail: salvadaporfe@gmail.com
El llamamiento de Dios va en serio
El mensaje de las Buenas Nuevas de salvación es la herramienta mediante la cual el hombre, al escucharlo, se entera de su situación espiritual, se da cuenta de que está perdido, muerto en delitos y pecados, y que no puede, sin la ayuda de Dios, resolver el problema en que se encuentra, pero, de acuerdo a la operación del Espíritu Santo en su corazón, el hombre asume la opción de rechazo o aceptación.
No obstante el poder de la Palabra de Dios
penetra el alma y el espíritu del hombre. El instrumento usado por Dios, como
lo es el predicador, el evangelista, el pastor, debe estar consciente de su
responsabilidad en la exposición de ese mensaje. Debe tomar en serio el mandato
divino, de modo que el oyente lo crea.
Desde hace varios años, el predicador ha
desvalorizado el propósito del Espíritu santo en el mensaje, el cual es:
redargüir, generar quebranto, humillar el corazón, provocar ansiedad por el
conocimiento de Dios. La seriedad del expositor juega un papel muy importante
en la convicción de pecado que debe sentir el oyente. Un predicador que irrumpe
en el púlpito como un comediante, que todo lo convierte en chiste para provocar
risas y aplausos del auditorio, jamás podrá ver un corazón quebrantado, jamás
podrá observar lágrimas de arrepentimiento y contrición. Será sólo un
improvisado actor, a quien Dios jamás le llamó al ministerio. Un oportunista
que probablemente, frustrado en su deseo de ser alguien, o que lo crean
alguien, no encontró otro lugar y otro escenario más propicio, según él, para
lograrlo.
¿De dónde viene esa modalidad? De otros
países. No es que se esté en desacuerdo con la visita de predicadores foráneos,
que los hay, y muy buenos, serios y consagrados, pero ¿no habrá, en lo
sucesivo, una forma de obtener una referencia que permita conocer el tipo de
persona a quien se le va a ceder el púlpito?
Me cuesta imaginar a un Pablo, un Pedro, un
Esteban o cualquier otro apóstol del pasado, haciendo de actor y comediante.
San Pablo a la iglesia de Corinto: “…me
propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste
crucificado… Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor… Y
ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana
sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder…” (1ª. Cor. 2:3,4).
Necesitamos
volver al Espíritu y sentimiento de aquél apostolado
lunes, 23 de septiembre de 2013
EL DISCIPULADO
DISCIPULANDO…
CREÍ EN JESÚS
¿Y AHORA, QUÉ? (I)
En
primer lugar. Creer en Jesús es un acto de singular trascendencia
mediante el cual la persona confiesa delante de Dios que es un pecador, que
desea que Jesús perdone todos sus
pecados, limpie su corazón con la sangra derramada por Él en la cruz del
calvario, se arrepienta
sinceramente de haber ofendido a Dios, y
esté dispuesto a abandonar la anterior vida pecaminosa a la cual promete no volver jamás. “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie
sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban ¿ninguno te
condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno;
vete y no peques más”. (Juan 8:1-11).
El acto de recibir a Jesús como
Salvador personal puede hacerlo en su casa, o en cualquier lugar en donde se
encuentre, ya que es un acto estrictamente individual, pero preferiblemente en
la iglesia cristiana que haya visitado y en este caso con la asesoría del
pastor o de los ancianos. Si lo has decidido con toda sinceridad delante de
Dios, te habrás convertido en una nueva criatura (De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…). Ahora
eres un hijo de Dios “…a todos los que le recibieron les dio
potestad de ser llamados hijos de Dios…” (Juan 1:11-13). Habrás obtenido la salvación “…porque
no envió Dios a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Juan
3:17; Hechos 16:29-31).
En
segundo lugar. Tienes un Padre Celestial, has sido añadido a una
familia cuyos miembros son todos aquellos que como tú, han creído en Jesús, por
lo cual es necesario unirte a ellos e ir a una iglesia cristiana evangélica a
escuchar la Palabra de Dios y las enseñanzas de parte del pastor, allí
aprenderás a conocer las doctrinas básicas contenidas en la Biblia. Para ello
debes conseguir un ejemplar de la Biblia. Aprenderás así mismo los cánticos de
alabanza a Dios, y cómo debes adorarle.
Deberás bautizarte cumpliendo de ese
modo el sagrado mandamiento del Señor, así como Él también lo hizo: “Entonces
Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán para ser bautizado por él… Y Jesús,
después que fue bautizado, subió luego
del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios
que descendía como paloma, y venía sobre él. (Mateo 3:13,16,17)…
Continuará…DISCIPULANDO…
Creí
en Jesús, ¿y ahora, qué? (II)
…El bautismo tiene un significado muy
importante, pues, Es una orden del Señor de Jesucristo a través de los
apóstoles: “Por tanto, id y haced discípulos
a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo…”. (Mateo 28:19)
San Pablo escribió:“porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo,
a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así
también nosotros andemos en vida nueva… Con él fuisteis sepultados en el
bautismo, y en él fuisteis también resucitados por la fe en el poder de Dios
que lo levantó de los muertos” (Romanos 6:4; Colosenses 2:12). Puedes ampliar
la información respecto al bautismo en tu Biblia, leyendo: Marcos 16:16; Hechos
8:12-13,35-39).
Tu relación con Dios. Dios es santo
y exige de nosotros que seamos santos como él.
Esto quiere decir que debes apartarte de todo lo que signifique maldad.
Tu conducta debe ser diferente a la de antes; hablar sin groserías, dejar toda
clase de vicios, controlar tu carácter ante las circunstancias adversas,
aprender a perdonar, amar a quienes te adversan o no. Te va a `parecer muy
difícil, como lo ha sido para muchos que, como tú, han decidido seguir a Cristo
No existe más que una sola manera de lograr vencer todas estas obras de la
carne, y Jesús te ofrece las herramientas adecuadas para lograrlo: Orar todos
los días al Padre Celestial en el nombre de Jesús; contarle a él cualquier
problema que te agobie: hablarle como a un amigo que está a tu lado para
ayudarte; Si sientes quebrantamiento de tu corazón, decírselo llorando a solas
en tu intimidad; mantenerte cerca de otros creyentes que hayan aprendido cómo vivir
una vida santa. Concurrir a los cultos de la iglesia. Ante situaciones
sobrevenidas que puedan confundirte, solicita la asesoría de tu pastor. Él
también está interesado en ayudarte.
Creí en Jesús, ¿y ahora qué?
…Hay muchas
cosas que debes saber: Una cosa es haber creído en Cristo, y otra es “estar en
Cristo”. Te lo explicaré. Creíste en Cristo, lo aceptaste y eres salvo. Ahora
para que logres tu pleno desarrollo y produzcas fruto, debes “permanecer en
Cristo”. Permanecer es sinónimo de “estar”. Es decir: el viejo hombre que eras
antes de haber creído, el cual está tipificado en Gálatas 5:19-21 (léelo, por
favor), y cuyas obras no eran agradables a Dios, debe ser transformado
progresivamente hasta alcanzar la imagen del hombre nuevo, produciendo frutos
que son propios de la obra del Espíritu Santo en tí, por lo que tu
comportamiento debe ser diferente ante Dios y ante los hombres. Ante Dios,
porque Él es Santo y exige que nosotros también lo seamos. Ante los hombres
porque mediante ese comportamiento estás testificando que Dios tiene poder, no
solo para salvar, sino también para transformar al hombre. Eso es lo que
significa “estar” en Cristo.
No es fácil, pero el Señor te ayudará si se
lo pides con fe en oración, para ello necesitas tomar tú mismo la iniciativa,
según el apóstol Pablo en Efesios. Observa en esta cita el imperativo de los verbos: despojar,
renovar, vestir, hablar, pecar, dar, contristar, quitar, ser, en
los versículos 22, 23, 24, 25, 26, 27,
30, 31, 32. Es una orden, un mandato.
De la misma manera ordena el
apóstol en Colosenses 3: Observa los verbos: hacer, dejar, mentir, vestir, hacer, ser, (versos
1, 8, 9, 12, 14, 13). Lee estos versículos y aplícalos en el momento de
cualquier tentación.
Es bueno recalcar esto, ya que con mucha
frecuencia se oye decir: “Cuando recibas
a Jesucristo Él te quitará todos los vicios y te transformará en una nueva
persona”. Según hemos leído, Jesucristo lo hará si tú tomas la iniciativa. Pero eso se logra solo cuando se está en Cristo.
Es bueno estar en la congregación y sentir el calor de los hermanos reunidos en
amor alabando y adorando al Señor, pero lo anteriormente expuesto corresponde a tu vida personal e íntima con
Dios. Y tu autoridad la puedes ejercer en tu trabajo en tu aula de clases, en
tu entrar y salir, en tu trato con el prójimo.
Te recomiendo que leas Proverbios 1:1-16. Es
bastante propicio en cualquier situación.
Continuaremos…
miércoles, 1 de mayo de 2013
Hacia Una Correcta Teología de la Adoración
Por: Edinson
León Esquivel
(Pastor-Evangelista)
Nociones Preliminares
Tal vez el lector al revisar estas
líneas se imagine que voy a escribir sobre los aspectos musicales del culto
evangélico contemporáneo. Pero si continua leyendo podría llevarse una grata
sorpresa al notar que no es así. Uno de los temas menos predicado y menos
comprendido por la iglesia evangélica actual es el tema de la adoración como
pueblo de Dios. La mayor parte de opiniones y conceptos sobre la adoración son
muchas veces errados, estereotipados, superficiales y con poco contenido
bíblico. Si hiciéramos una encuesta a un grupo de hermanos preguntándoles:
¿Para que va Ud. los domingos a su iglesia? Posiblemente respondan de forma
variada, que van a adorar a Dios. Pero si les hiciéramos una segunda pregunta
diciendo: ¿Hermano y para Ud. Qué es Adoración? Probablemente obtengamos
diferentes respuestas. Allí está el quid del asunto, ¿Qué entendemos por
adoración? ¿Cual es la finalidad de la misma? En las siguientes líneas trataré
de hacer un examen somero al respecto.
En Juan Capítulo 4 tenemos
registrada una de las conversaciones más interesantes de toda la Biblia, se
trata de Jesús y una mujer samaritana que vino a sacar agua del pozo de Jacob,
lo interesante es que la conversación giró en torno al tema de la adoración vv.
20-24, básicamente por la disputa histórica y religiosa entre samaritanos y
judíos. Los primeros decían que el monte Gerizim en Samaria era el lugar
correcto donde se debe adorar, los judíos por su parte, decían que en Jerusalén
era el lugar de la presencia prometida de Dios, por tanto allí es donde se debe
adorar. Jesús previendo el futuro cercano le dijo a la mujer que el momento
había llegado cuando ni en Samaria ni en Jerusalén se adorará al Padre, no es
que estaba excluyendo éstos lugares, más bien estaba anticipándole a la mujer
que gracias a su obra redentora se abrirá el camino de la salvación y así
levantar un nuevo ejército de adoradores en todas partes del mundo. Luego en el
v. 23 Jesús hace una declaración muy pertinente: «Pero viene una hora, y ahora
es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren» (Biblia Textual)
¿Cómo adorarán al Padre? En espíritu
y en verdad, esa es la forma bíblica
en que se debe adorar. Tal vez el lector se preguntará ¿Significa eso que no
debemos usar imágenes en nuestra adoración? Aunque el uso de imágenes es
condenado en la Biblia, ese no es el sentido real del texto bíblico, nótese que
para Jesús el lugar no es tan importante como la calidad con que se adora. El
adorar en espíritu y en verdad es una adoración de calidad, es la que le gusta
al Padre, es la que tiene como base la verdad, es la que subyace en el interior
de cada creyente. La alusión al espíritu no se refiere al Espíritu Santo sino,
técnicamente es una referencia al ser interior de la persona. Y en el v. 24
dice la Escritura: «Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en
verdad es necesario que adoren» (Reina-Valera 1960) Nuevamente se repite la
expresión: «en espíritu y en verdad» es decir, que todos aquellos que se
caractericen por adorar de esa manera a Dios, son aquellos que realmente deben
adorar. La naturaleza esencial de Dios es espíritu, es decir carece de forma
corpórea, Dios no tiene brazos ni piernas, todo su ser es espíritu, de la misma
manera, quienes le adoren deben hacerlo espiritualmente. Hoy tan
superficialmente se entiende la adoración que quienes hablan de ella, piensan
se limita solamente a un par de horas al día o en todo caso como “parte de las
cosas que debo hacer hoy”. Nada tan lejos de la realidad y del texto bíblico.
Principios Bíblicos
que Debemos Considerar
Semánticamente adoración es la
acción de reverenciar con sumo honor, reverencia y respeto profundos a un ser
considerándolo como divino (Larousse:
Gran Consultor Práctico), puede tratarse de un ídolo o del único Dios vivo y
verdadero. Los seres humanos por ser
creados a imagen y semejanza de Dios sin excepción, tenemos la tendencia
natural de adorar algo, cuando nuestra vida está conducida por los lineamientos
rectos de la Palabra de Dios nuestra adoración será solamente para el Dios Todopoderoso,
Creador y Sustentador del universo, pero si nuestra vida está conducida por los
lineamientos de nuestro malvado corazón (Jer. 18:12) entonces seremos capaces
de adorar cualquier cosa animada o inanimada que excluya al Eterno Dios de los
cielos.
Dios es quien toma la iniciativa en
el tema de la adoración, por tanto es él quien dice cómo debemos adorarle. Eso
significa que en la Biblia tenemos todas las directrices necesarias y
suficientes para que todos los creyentes podamos adorar correctamente a Dios,
tanto individualmente desde nuestro lugar, como corporativamente en el culto. De
manera que la adoración nos coloca en una encrucijada inevitable, o bien
adoramos correctamente a Dios y hacemos que reciba con agrado nuestra ofrenda
delante de su altar o bien adoramos como a nosotros nos parezca mejor y
corremos el riesgo de ofenderlo profundamente por pretender ofrecer fuego
extraño en su altar. Un ejemplo notable acerca de esto está en Levítico 10
cuando los dos hijos de Aarón, Nadab y Abiú entraron a la presencia de Dios y
ofrecieron un fuego que Dios no les mandó. ¿Acaso tenía algo de malo ofrecer
fuego en la presencia de Dios? ¿Acaso el uso del incienso estaba prohibido por
Dios en su liturgia? La respuesta es no, sin embargo, había un problema, Dios
no había mandado ofrecer ese fuego. Entiéndase lo delicado que es para Dios el
tema de la adoración. En el Nuevo Pacto, quienes formamos parte del pueblo de
Dios y que diariamente estamos ante su presencia, debemos cuidarnos de no
ofrecer fuego extraño (heb. zarah,
derivado de la raíz zur que significa
desviarse, apartarse) pues estamos ante el mismo Dios quien no cambia (Mal.
3:6).
Otro asunto que debemos considerar
antes de continuar, es que solo en el Nuevo Testamento el verbo adorar, gr. proskunein y sus formas conjugadas solo
aparece 26 veces y ninguna vez tiene que ver con música. Esto debe ponernos en
alerta si hasta aquí hemos relacionado la adoración con la parte musical del
culto. En muchas iglesias, a quienes están encargados de la música se les llama
“adoradores” y no músicos. En otros casos el género musical determina si es
alabanza o adoración lo que se está cantando. En nuestras iglesias aun se piensa
que cuando el tono musical es rápido e incita al movimiento corporal y palmadas
de aplauso entonces se dice que eso es alabanza, pero cuando el tono es
melódico, suave o cadencioso entonces se dice que esa es una canción de
adoración. Ninguno de estos conceptos son respaldados por la Biblia, simplemente
son ideas que nosotros le hemos imprimido al culto creyendo erróneamente que
estamos en lo correcto. Por lo tanto amigo lector, el género musical no
determina nuestra forma de adorar a Dios, eso es imposible, los verdaderos
adoradores no están limitados por la música. Aunque la música es parte del
culto no es la razón del culto, solo Dios es nuestra razón de adoración.
Entonces ahora nos preguntamos ¿Si
adoración no es música, entonces cual es la diferencia entre alabanza y
adoración? Esto lo vamos a estudiar en la próxima sección.
JESÚS, MODELO PARA MAESTROS
Letty Moreno Campos
El
Señor Jesús, nuestro ejemplo por excelencia, deja constancia en Lucas 2.52 de
que «crecía en sabiduría, en estatura y
en gracia», razón de más para que todos los educadores cristianos asumamos
y disfrutemos nuestra responsabilidad con el constante crecimiento espiritual y
personal a fin de tener siempre enseñanzas frescas para ofrecerlas a nuestros
alumnos. La educación cristiana, más que un momento específico de clases en un
aula, debe ser vista como un instrumento, o más bien una vía para un cambio
constante y observable en la vida del creyente, como lo vemos en el ejemplo de
nuestro modelo, el Señor Jesús.
Contacto diario:
En
la Biblia puede verse claramente que Jesús siempre resultó el modelo perfecto
para sus discípulos (Juan 13.15). No les enseñaba en aulas de clase, sino a
través de experiencias múltiples de la vida diaria. Puede verse en los
evangelios la relación de contacto diario que Jesús mantuvo con sus discípulos,
aprovechando cada ocasión para enseñarles cosas nuevas y útiles para su
formación como futuros líderes del proyecto supremo de la evangelización de los
pueblos. Es evidente que Jesús conocía a sus discípulos más que ellos a sí
mismos y aprovechaba esta ventaja para enseñarles contenidos teológicos a
través de situaciones de alto significado afectivo, como en el caso de cada
milagro compasivo efectuado en día de reposo (Mateo 12:9-14; Lucas 13:10-17). En
ese constante enseñar y aprender de la relación de Jesús y sus discípulos,
generalmente, utilizó recursos de enseñanza extraídos de la vida diaria,
sacando a sus seguidores de su lugar de comodidad para someterlos a
experiencias que resultaron en un sello para sus recuerdos y su aprendizaje.
Ejemplo de esto es el caso donde calma la tormenta después de ver a sus
discípulos atemorizados, hasta el punto de que nunca olvidarían tal enseñanza
ni el poder de Dios que en ese momento les fuera mostrado (Mateo 8.23-26).
En cuanto a la comunicación, Jesús siempre fue congruente
entre lo que decía y lo que vivía; sus comunicaciones eran claras y sencillas;
utilizaba el valioso recurso de enseñanza que son las parábolas; y respondía
constantemente a la retroalimentación, contestando preguntas o haciendo
demostraciones y milagros. Fue el comunicador por excelencia. Es así que, puede
verse cómo estimulaba a cada escogido de una manera especial para querer
seguirle y aprender. Tal es el caso de la pesca milagrosa antes del llamado a
Pedro (Lucas 5:4-11), o el llamado a Mateo el publicano (Mateo 9:9-13).
Planificación y preparación:
Jesús
planificaba sus experiencias de enseñanza para el beneficio de sus discípulos. La
constante preparación para las experiencias impactantes de aprendizaje se puede
ver en Mateo 14:22-25, donde Jesús tomó las previsiones para la lección de
Pedro caminando sobre las aguas; asimismo, en la multiplicación de los panes y
los peces, Jesús hace algunas preguntas deliberadamente didácticas a sus
discípulos (Juan 6:1-15). Uno de los ejemplos más significativos de la
planificación por parte del Maestro se encuentra reflejada en los momentos
previos a la resurrección de Lázaro, donde Jesús les dice que se alegra por los
discípulos porque verán algo que los hará creer (Juan 11:1-44). Aún en la
preparación de la última pascua hay evidentes acciones planificadoras para la
enseñanza a discípulos y generaciones futuras (Lucas 22:7-13). Cada una de las
acciones del Maestro iba dirigida a la formación de sus discípulos, previendo
sus necesidades y teniendo siempre presente los límites humanos para no
sobrepasar lo que podían recibir hasta el momento (Juan 16:12).
Enseñanza significativa:
El
Maestro Eterno utilizó el enlace de la enseñanza con aspectos significativos de
la vida de los aprendices (a la samaritana le habló de “agua” en Juan 4; en Juan
9, le habló al ciego de “ver”; en Juan 6.35, a los hambrientos les habló de “pan
de vida”). Siguiendo este ejemplo, el maestro cristiano debe asirse de aquello
que es familiar a sus discípulos para establecer un ancla donde pueda enlazar
sus enseñanzas en forma efectiva.
En cuanto a la necesidad de la
experiencia vivencial. Los cuatro evangelios están llenos de
ejemplos donde el Señor Jesús enseñó a todos a través de la práctica,
especialmente a los doce. La multiplicación de los panes y los peces, Pedro
caminando sobre el mar, el envío de los doce a predicar, son ejemplos de tal
metodología. Asimismo, estimuló a los setenta dándoles responsabilidad de
predicar y hacer milagros, sin olvidar el importante detalle de pedirles cuenta
en el momento oportuno, como puede verse en Lucas 10:1-12; 17-20. También se
observa esta actitud en Pablo cuando deja a Timoteo para que desempeñe un
trabajo pastoral a pesar de su juventud y siempre bajo la supervisión del
apóstol.
Juan
10:10 dice que Jesús ha venido para que tengamos vida, y vida en abundancia.
Esto implica una constante experiencia de enseñanza y aprendizaje para ir
aproximándonos a la estatura que el Señor planteó para nosotros. Es interesante
como Efesios 4:11-16 plantea la existencia de los ministerios describiéndola
como una herramienta para “perfeccionar a los santos para la obra del
ministerio”. Puede verse aquí como se estructuran los ministerios, en un
círculo virtuoso, para asegurar educadores en las generaciones futuras, todo
esto a fin de lograr la unidad de la iglesia como un cuerpo, donde todos sus
miembros cumplen su función en armonía. Un constante enseñar y ser enseñados en
el diario vivir de la iglesia para lograr el crecimiento mutuo y en amor,
siguiendo el ejemplo de Jesús como Maestro,
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